En el transcurso de la historia, grandes pensadores han confirmado que el hombre solo han desarrollado el diez tres (3) o diez (10) por ciento de su verdadero potencial psíquico. Son aspectos que se encuentran dentro de la ley de causa y efecto, porque realmente todo tiene su explicación, su razón de ser, en otras palabras su precio.
Se requiere de un conocimiento de orden superior, la cual radica en una determinación muy personal de comportamiento, leyes superiores que lavan a leyes inferiores, ya que la evolución e involución actúan recíprocamente como principios de la naturaleza, de acuerdo a nuestro comportamiento activamos la evolución o involución en nuestra naturaleza interior, por tal motivo el fundamento estriba en la capacidad que tenga el hombre de dominar, vencer, doblegar su propio interior, que sea verdaderamente dueño y amo de su sentir, pensar y obrar, y por consiguiente no será un esclavo de sus propios defectos y debilidades, en lo anterior radica el desarrollo del hombre interior, del hombre nuevo, aquel que renace dentro de sus propias cenizas, esencia del verdadero y legitimo cristianismo de la otrora, otrora que se pierde en pasado legendario de los siglos, el cual dio el fruto de grandes hombres y pensadores que pasaron a la historia por su grandeza, dejando escrita las paginas que le sirven de guía a la actual y fututa humanidad, y nuestro deber es divulgarla.
Es claro que el hombre cuanto toma la firme decisión de rebelarse contra su propio interior, encontrara una resistencia, ya que le toca decapitar a sus más implacables enemigos, aquellos que viven dentro de nosotros mismos, sí, nosotros mismos, el yo mismo, el sí mismo, nuestras debilidades y defectos, en dicha guerra cotidiana es donde nos percataremos de lo terrible que es el ego, el subconsciente, el protagonistas de todos nuestros fracasos y derrotas, el autor del sufrimiento y dolor. Es preciso aclarar que no es fácil vencerlo, motivo por el cual no podemos desanimarnos por la iniciales derrotas, las cuales no son más que señales de una especie de entrenamiento, que nos dan una señal de cómo debe ser nuestra continua preparación, tenaz.
Por tal motivo la clave radica en no darnos por vencido, si nos damos por vencidos de hecho lo estamos, no podemos combatir las debilidades atreves de las debilidades, seria caer en el auto-engaño, sería una especie de dependencia de carácter psicóloga, por lo que se requiere revestirnos con las armas de la luz.
Existe el padre interno, el real ser, el que activamos con la oración del padre nuestro, todos tenemos nuestro padre interno, hay tantos padres internos en el cielo como hombre en la tierra, al cual le podemos pedir que nos ilumine el camino en nuestras necesidades y debilidades, de igual manera existe el ángel de la espada flamígera, el padre de todo lo creado ha permitido que todos tengamos uno, el cual nos ayuda en la batalla interna de aquel que ha tomado el propósito de morir en defectos, para nacer en virtudes, como también existe el ángel guardián, al cual le podemos pedir protección en la noche antes de acostarnos o cuando , o cuando lo consideremos necesario .
El que persevera alcanza, sin lucha nada tiene sentido, no hay camino sin destino, ni destino sin camino, el trabajo del hombre interno necesariamente trasforma sus destino y su suerte, de tal manera que toma en sus manos las riendas de su vida, para no ser una frágil brizna que las tempestades de la vida arrastra por doquier, con el trabajo interior el hombre convierte los obstáculos en los peldaños que lo conducen por la vía del éxito , y sobre todo lo más importante la salvación real de nuestra alma, la formación de los cuerpos existenciales del ser.
Existe la ley de acción y consecuencia, o de causa y efecto, o como se le conoce más antiguamente, darma y karma, el karma es nuestra vida, está latente en la dinámica de nuestros proyectos, en virtud de nuestro comportamiento, en este sentido la naturaleza es exacta, no se queda con nada de nadie, da y cobra hasta el último centavo, colocándonos en la rueda de la fortuna, o en la rueda de la miseria, conocida como la rueda del sansara según los orientales, el arcano diez (10) del tarot egipcio, lo cual he comprobados a través de la experiencia, de hechos contundentes, entregar el mensaje, las buenas obras, es entrar en armonía con las leyes superiores darmaticas, que eliminan las leyes inferiores karmàticas, lo que algunos llaman mala suerte.
El cambio de comportamiento me ha permitido cambiar situaciones de carencias en diferentes órdenes, no siempre la retribución es económica, la salud, la paz, el amor, la alegría, las comuniones y hermandades son factores darmàticos.
Entre más demos, mas recibimos, es una ley exacta, reenviar este mensaje es una forma de activar el darma y desactivar el karma, de tal manera que se crea una corriente de bienestar, ojo, no es una cadena, debe ser de manera consciente y continúa, para recibir de igual manera un bienestar y mejoría continua.
Cordialmente:
Clemente Santiago Villafañe.
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